miércoles, 4 de junio de 2008

De Tarde


Hoy fue drogas y columpios. Una tras otra las gotas parecían caer lentamente y rajar el cielo como pequeños vidrios.

Una cayó sobre mi frente, bajo hasta mi nariz y acaricio mis labios como un beso para terminar en mi mentón y caer al suelo bajo las cadenas.

Se que me había dado mucho vuelo pero parecía ir lento, lento, lento.

Las gotas seguían cayendo haciendo un ruido estridente en el suelo sobre los charcos.

Nunca había percibido de esa manera los sonidos. ¡Que locura!

Me baje y el tiempo pareció detenido y estabas ahí de nuevo, con tu pelo mojado, tus ojos brillantes como aquellas veces, como cuando hacíamos el amor... Te acercaste tomando mi cuello y pegaste tu frente a la mía y tus lágrimas se confundieron con las gotas que caían por mi rostro. Tus besos otra ves sabían a tabaco y café y otra vez me derretí en tus brazos y en tus suaves manos me hice ligera como una pluma. “Que no sea la droga que me hace alucinar” pensé un segundo.

Y la lluvia no pararía de caer. No pararía. Tu no pararías. Yo tampoco...

No hay comentarios: