
Esperando a mi acompañante, con la mirada perdida en el vació (o en algún planeta nuevo que mi mente exploraba) Como una visión y la mas perfecta combinación entre el vació y el todo lo vi. O era idéntico o eras tú. Un viaje astral, un recuerdo, un fantasma.
Nos miramos una milésima de segundo. Esa milésima donde tus ojos se robaron los míos, un inperseptible segundo en el que el mundo frena para apreciar escenas como esta. Y así la gente pasó por nuestro lado, arrastrándote al andén dirección Escuela Militar y a mí hacia el otro lado. Corrí escaleras abajo siguiendo esa figura de cansados pies y pesado caminar. Podría jurar que eras tú. Que ganas de haber corrido tras este personaje gritando tu nombre esperando que volteara a mirarme. Se cerraron las puertas y el vagón partió.
Mi acompañante se acercó:
-¿Y esa cara? ¿A quien viste? Respire profundo.
-A nadie- Mentí – No vi a nadie…
